El puente de Alcanzorla sobre el río Guadarrama

Entre los siglos IX y X y ante el avance de los reinos cristianos en la Península Ibérica, para proteger las fronteras árabes de la Marca Media se creó un sistema defensivo, del que hoy quedan algunos vestigios en Torrelodones y Galapagar. Abderramán III, a mediados del siglo X, ordena un entramado de atalayas localizadas en la sierra de Madrid. Dispuestas en dos frentes, la primera más al Noreste, de la que aún se conservan las atalayas de Torrelodones y Hoyo del Manzanares, y la segunda más al Norte con las de El Berrueco, Arrebatacapas, Venturada y El Vellón.

De este modo se estableció un férreo control sobre los pasos naturales entre Somosierra y Guadarrama, es decir el Puerto de Navacerrada, la Fuenfría y el Alto del León que constituyen los tres pasos del sistema Central que históricamente coinciden con la calzada romana de Talamanca del Jarama, la calzada romana del Puerto de la Fuenfría y el paso a través de Somosierra.

Este cinturón de torres vigía controlaban los pasos noroccidentales de la sierra de Guadarrama. Para comunicarlas entre sí y poder responder rápidamente a las incursiones cristianas se construyó un camino militar andalusí que permitía la rápida comunicación de todo el sistema de atalayas de las presierras e iba desde el Valle del Tiétar a Talamanca, utilizando cinco puentes. De ellos el primero, el Puente de San Juan, sobre el Alberche, y el último, el de Talamanca, sobre el Jarama, están muy alterados. Pero los otros tres conservan características tan similares que se puede afirmar que fueron hechos siguiendo un plan único.

Son los puentes del Pasadero, sobre el río Perales; el de Alcanzorla, sobre el Guadarrama, y el del Grajal, sobre el Manzanares. Los tres se conservan en pie, aunque el peor conservado es de Alcanzorla que ha sido objeto de saqueo sistemático de sus basamentos de granito por algunos de los chalets de la zona.

El puente de Alcanzorla se encuentra sobre el río Guadarrama, en el término municipal de Galapagar. Aguas arriba del puente de Herrera y de las Minas y Los Jarales. Sus medidas son: Arco de 6,02 m. de luz, 2,9 m de altura desde la clave y 2,8 m de anchura de tablero.

El puente de Alcanzorla, como el resto, durante muchos años ha sido identificado como romano pero evidentemente no puede tener ese origen. El sentido práctico de los romanos requería que sus puentes tuvieran un ancho que permitiera el paso de sus carros de impedimenta. Hay que recordar que los romanos no tenían casi caballería y que sus legiones y tropas auxiliares eran infantería y requerían un apoyo de carros para trasladar sus equipos militares. También las mercancías comerciales necesitaban transportes adecuados para cargar minerales (como el famoso cobre de Galapagar), cereales, aceite, vino, etc. Por eso las calzadas romanas tenían un mínimo de 6 metros de ancho.

Descartado el origen romano se estuvieron investigando otras alternativas. Enseguida surgió la necesidad de vincular el puente de Alcanzorla, con ese nombre árabe tan sugerente, con la atalaya de Torrelodones y el famoso camino árabe de Balat Humayd, que atravesaba la sierra por el alto de León, comunicando durante siglos ambas partes de la sierra y siendo usado en las incursiones y razzias de unos y otros.

La vinculación del puente de Alcanzorla con la Atalaya de Torrelodones es evidente. Forman parte del mismo sistema defensivo musulmán. Si a ello unimos la instrucción de Abderramán de que fueran los bereberes, por su origen montañoso, los que mantuvieran las atalayas, tendremos una más diáfana comprensión de la potente presencia musulmana en nuestro territorio.

Sobre la posible cronología del puente de Alcanzorla los arqueólogos consultados plantean los siguientes datos:

a) La anchura de tablero, el único dato que depende únicamente de la voluntad de los constructores, hace que sean demasiado estrechos para ser romanos. El del Pasadero y el de Alcanzorla tienen el mismo tablero, 2,8 m. El del Grajal 3,34. Sin embargo estas medidas son compatibles con su construcción por alarifes musulmanes, puesto que 2,8 m. son exactamente 5 codos rassassíes de 55,77 cm y 3,34 son 6 codos.

b) Los tres puentes de dovelaje de sillería de granito se apoyan no directamente sobre la roca sino sobre una especie de zócalo, casi una zarpa, que sirve para encauzar el agua, hecho con mampuestos cogidos con cal. Esta técnica se emplea en algunos puentes musulmanes.

c) El topónimo Alcanzorla o Alcanzorra es de origen árabe. Su origen podría estar en la palabra alcandora. Según el Tesoro de Covarrubias significa “…luminaria, linterna, hoguera y fuego para dar señal…” Curiosamente vendría a significar lo mismo que Almenara, lo que ligaría el puente al conjunto de atalayas. (Pilar Oñate).

d) El tratado de agrimensura de Ibn al Yayyab, afirma que el codo râssâssí fue introducido por Al-Râssâs en España, y que su patrón estaba fijado en una columna de la Mezquita de Córdoba, con una longitud de 55,7727 cm. (Vallve Bermejo).

Nos encontramos por tanto ante un puente militar andalusí del siglo X, que responde a la necesidad de movilizar rápidamente partidas militares a caballo para repeler las incursiones cristianas. El camino iba desde Toledo hasta el alto de León y permitía la respuesta militar necesaria.

El puente ha sido recientemente rehabilitado por la Comunidad de Madrid. Pero con independencia de la confirmación de estos datos, lo cierto es que se trata de un puente, casi olvidado, pero admirable en su esbeltez y belleza. Y desde luego está vinculado con la atalaya de Torrelodones y la de Hoyo. Ambas son muestras de la infraestructura musulmana y una huella de su presencia durante siglos en nuestro territorio. Aspectos que forman parte de nuestra historia colectiva y que todos deberíamos conocer y respetar.

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