La vinculación del famoso torero Frascuelo con el monte del Gasco

Uno de los entornos más valiosos y mejor conservados de Torrelodones es el monte del Gasco, delimitado al norte por el ferrocarril, al oeste por el sendero de caballería que salía del arroyo del piojo -en el antiguo vertedero hasta Molino de la Hoz-, al sur por el canal de Guadarrama y al este por el propio rio Guadarrama. Este monte del Gasco esconde un medio natural excepcional, pero también un cúmulo de historias relevantes para conocer la identidad de nuestro pueblo, como la del torero Frascuelo, un personaje muy popular en su época que, como nosotros, eligió nuestro pueblo para vivir, y que hoy da nombre a una plaza frente a la estación de tren.

Desde mediados del siglo XIX la profesión de torero adquiere un reconocimiento en la sociedad española. Hay una consagración de la profesión y los toreros de éxito dejan de ser unos marginados feriantes para convertirse en figuras sociales reconocidas. A esto ayudo la generación, a veces artificial, de duras competencias entre figuras del toreo. Es el caso de nuestro Frascuelo con el torero Lajartijo, oponentes en los medios y en las plazas y grandes amigos en la intimidad.

Al finalizar su carrera profesional en 1890, Frascuelo, de nombre real Salvador Sánchez Povedano, se retiró a Torrelodones, donde había adquirido la finca “Monte del Gasco” y construido su casa en la conocida como La Casona (donde, a día de hoy, y pese a las reiteradas denuncias de los vecinos, se celebran bodas y eventos sin permisos municipales ni controles, ni acústicos, ni sanitarios). Todavía hoy si entras en la finca de La Casona, y antes de llegar a las ruinas de la casa de Frascuelo, puedes ver una excelente y abandonada reja con el hierro de su ganadería. Merecedora de una protección como patrimonio de los torrelodenses, ahí sigue olvidada por todos.

Justo enfrente de la estación de tren, Frascuelo abrió el “Almacén General de Ultramarinos y vinos La Verdad”, local que hacía de almacén, taberna y recepción de muchos visitantes. Allí se le veía sentado, con su vaso de vino y alternando con los viajeros. Anécdota especial era su amistad con la infanta Isabel de Borbón, la Chata y con el rey Alfonso XII, que siempre que pasaban con el tren real (ojo al parche), mandaban parar para saludar y charlar con el torero.

En 1900, al finalizar una capea en Ciempozuelos bebió agua demasiado fría y contrajo una pulmonía infecciosa, fue trasladado al domicilio de su hermana en la calle Arenal. El Ayuntamiento de Madrid ordenó que se cubriera su tramo de calle con arena, para que el paso de carruajes no molestara al maestro. A los pocos días, el 8 de marzo, falleció.

Pese a que no vivió aquí durante demasiados años, Frascuelo si ayudó mucho a dar a conocer al pueblo entre la burguesía madrileña, poniéndonos de moda en la prensa de la época. Segregó parte del Gasco para empezar el desarrollo de las urbanizaciones actuales, vendió el molino de Juan para reactivar la actividad molinera y reconoció la servidumbre de paso para los vecinos del Gasco y con ello el carácter público del camino al molino, hoy también cortado. 

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