La hipótesis del origen árabe de Las Marías: ‘Al-Mariya’, significa la atalaya

¿De dónde viene el nombre de la finca de Las Marías de Torrelodones? A veces se interpreta que esta denominación tiene que ver con la virgen y la tradición cristiana? Sin embargo, desde hace unos años, existe una hipótesis completamente diferente que la relaciona con la torre de Torrelodones, que está ubicada en un promontorio rocoso a 876 metros de altitud, justo en la zona de Las Marías.

En una de las actas publicadas de la Reunión de Arqueología Madrileña de noviembre de 2019, los arqueólogos Rosario Gómez Osuna, Alfonso Pozuelo Ruano, Elvira García Aragón y Fernando Colmenarejo García cuentan que “el topónimo de la finca Las Marías parece provenir del árabe Al-Mariya (la atalaya)”, construcción de la época islámica medieval que formaba parte de una línea de vigilancia más amplia.

En este documento, se explican los trabajos arqueológicos realizados en una de las últimas actuaciones realizadas para instalar una escalera interior y la acometida de obras de mejora de la emblemática atalaya junto a la autovía A6 Madrid-La Coruña, a la altura del punto kilométrico 29. Además, se detalla la explicación sobre el origen de esta construcción.

“Encuadrado en Época Islámica Medieval, su cronología se establece en momentos califales omeyas, entre los siglos IX y XI. El origen andalusí de la atalaya fue confirmado, a través de las cerámicas procedentes de la prospección realizada en 2013 (Bru y Schnell 2014)”, comenta el acta de los arqueólogos. “Su construcción parece que se debe a autoridades locales del Califato de Córdoba, al que pertenecían estas tierras, en torno al siglo X (establecido por fechas de C-14 en Arrebatacapas por Caballero y Mateo, 1990: 66)”.

Si la torre es de origen árabe tiene mucho sentido que la zona donde está emplazada también lo tenga y esté relacionado con esta, con la hipótesis de Al Mariya, la atalaya.

Los arqueólogos consideran que la función de la torre “sería la vigilancia de uno de los caminos que se dirigía hacia los pasos de la Sierra de Guadarrama y formaría parte de una línea que la vincularía con la atalaya de La Torrecilla, en la sierra de Hoyo de Manzanares y, posiblemente, con la probable torre del Cerro de San Pedro en Colmenar Viejo”. Según inciden los especialistas, “el sistema de alerta se realizaba mediante columnas de humo o humadas, que avisaban de posibles ataques cristianos contra las poblaciones andalusíes más en vanguardia.

Paradójicamente, los arqueólogos no encontraron gran cosa cuando excavaron en el interior de la atalaya, por unas obras realizadas a comienzos del siglo XX que tuvieron un importante impacto sobre la estructura. No obstante, encontraron abundantes restos en el exterior del entorno inmediato de la torre, donde se mezclaban materiales antiguos con escombros, ladrillos o cemento. Por ello, consideran que en aquella restauración de 1928 se vació el interior de la construcción y se desescombró todo arrojando los materiales al exterior, especialmente al este y sur por ser las más próximas al acceso.

Entre los restos recuperados, los arqueólogos encontraron algunas piezas para la cocina. “Las escasas formas abiertas identificadas corresponden al servicio de mesa y consumo de alimentos. Las características de los materiales cerámicos las hacen compatibles con los datos aportados por Caballero, que coloca en el Grupo 2 de Retuerce las cerámicas comunes, en el tipo 4 las vidriadas y en el tipo 3 las pintadas (Retuerce 1998), todas ellas podrían estar dentro de contextos andalusíes del siglo X”.

Según inciden en esta acta, “los materiales recuperados abundan en las hipótesis planteadas anteriormente por otros autores, estableciendo una cronología del siglo IX-X y una funcionalidad para el edificio de vigilancia, para un grupo reducido de personas y probablemente también algún animal, en su interior”.

Deja un comentario